de Eleonora Valentini

de Eleonora Valentini

BIENVENIDOS A BORDO

Bienvenido a mi mundo o lo que es lo mismo a mi corazón y a todo mi interior para quien encuentre en él un pedacito del suyo.


Me deleita desear el mejor viento solar, en este saludar late un venerar a la pulsión de poesia que arde en el viento del sol y un mensaje de fuerza, energía e infinita esperanza.


"Que el viento solar sople siempre en tu camino"

lunes, 13 de diciembre de 2010

Entre vos y yo


Hay oportunidades, en las que en nuestra vida, vamos influctuosamente detrás de alguien para que nos ame, hacemos y hacemos cosas, hacemos hasta lo que pensábamos que jamás íbamos a hacer, y nos imponemos el peor y los peores sacrificios...

Lo más absoluto de nuestras fuerzas está en juego para conseguir el amor de aquel.

Cuentan que una bella princesa estaba buscando esposo, aristócratas y adinerados señores, habían llegado de todas partes, para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos, conformaban los obsequios para conquistar a tan especial creatura. Entre los candidatos, se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llego el momento de hablar dijo:

"Bellísima princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia, y sin más ropas que las que llevo puestas; esa, es mi ofrenda."

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor decidió aceptar. Tendrás tu oportunidad; si pasas la prueba, te casarás conmigo.

Y así, pasaron las horas y los días...

El pretendiente estuvo sentado soportando los vientos, la nieve, las noches heladas, sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada. El valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento.
De vez en cuando, la cortina de la ventana del cuarto real, dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la tarea de su amante. Todo iba a las maravillas, incluso algunos optimista habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona, habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes, y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó, y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un muchacho de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropas, "¿Qué fue lo que te ocurrió?, estabas a un paso de lograr la meta, ¿Porqué perdiste esa oportunidad?, ¿Porqué te retiraste?...Con profunda consternación, y algunas lágrimas mal disimuladas, aquel joven contestó en voz baja: "Ella no me ahorró ni un día de sufrimiento; ni siquiera una hora. En realidad, no merecía mi amor"

Y cuando uno transita la vida, detrás del amor de alguien, y aquel no le ahorra a uno, ni un día ni un minuto ni nada de sufrimiento, aquel no deja que uno proyecte ese deseo de amarlo, ni permite que se concrete esa historia, aquel se sube a lo alto y pretende que uno escale y escale eternamente para alcanzarlo, entonces uno, debe tomar lo que tiene, e irse para siempre...

Porque, en realidad, nadie merece nuestras lágrimas, si no es capaz también, de llorar por nosotros...

Danny Martinez

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