de Eleonora Valentini

de Eleonora Valentini

BIENVENIDOS A BORDO

Bienvenido a mi universo interior para quien encuentre en él un pedacito del suyo.


Me deleita desear el mejor viento solar. En este saludar late un venerar a la pulsión de poesía que arde en el viento del sol y un mensaje de fuerza, energía e infinita esperanza.


"Que el viento solar sople siempre en tu camino"
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sábado, 4 de enero de 2025

La Bacha

 Ahí estaba frente a su bacha que la interpelaba, entre los trastes y la esponja gastada, aparecía ese amor que no fue nada y como el detergente entre sus manos, se diluyó sin dejar rastros. ⠀

Se preguntó, mientras enjuagaba una taza, por qué las señales se desvanecieron, por qué su universo volvió a ser pequeño. Tan pequeño como la cucharita de café que estaba lavando, como ese café que nunca se tomaron. La taza vacía y limpia, parecía burlarse de ella, recordándole lo que nunca fue. 

Tenía sus manos sumergidas en agua tibia y detergente, cuando recordó, que jamás esas manos lo habían acariciado y comenzó a moverlas con ritmo frenético, como si intentará borrar los recuerdos junto con la grasa adherida a los platos. Maltrató a la esponja, la estrujo cuanto pudo y la refregó con fuerza, pero los recuerdos permanecían ahí, inmóviles. La esponja cansada fue testigo silencioso de cada uno de sus pensamientos e intentó sin éxito, absorber cada gota de su pasado.

Pero cada obstinado plato sucio era un recuerdo difícil de sacar, como la grasa que se resistía a desaparecer. Ella seguía frotando, seguía lavando, como si intentara borrar la dolorosa certeza de que aquello que había sido, y ya no era.

Los cacharros de acero inox, como espejos implacables, reflejaban su imagen fragmentada. Cada olla, cada cucharón, le devolvía un pedazo de su rostro, distorsionado y desenfocado. Su reflejo, partido en trozos, la devolvía violentamente a su presente, la realidad la golpeaba con fuerza. La mujer que veía en esos reflejos no era la misma que había vivido aquel amor. Era una versión más cansada, más desgastada, más real.

La bacha, que había sido testigo silencioso de su viaje en el tiempo, ahora la miraba con una crudeza que la hacía sentirse desnuda. El agua jabonosa, que había sido un vehículo para sus recuerdos, ahora era solo un líquido sucio que necesitaba ser enjuagado. Los cacharros de acero inox, que antes habían sido solo objetos inanimados, ahora parecían contener una profundidad que la hacía sentirse parte de algo más grande. Su reflejo, aunque distorsionado, ahora parecía contener una verdad que no podía ignorar.

La realidad la había alcanzado, pero ya no era la misma. Algo había cambiado. Algo en su interior había comenzado a moverse. Todo era parte de una narrativa que la incluía a ella, a su pasado, a su presente y a su futuro.

Con una sensación de aceptación, comenzó a enjuagar los platos, sabiendo que cada movimiento, cada gesto, era parte de una historia que se estaba escribiendo en ese momento. La bacha, que había sido un lugar de rutina, ahora era un lugar de creación. Y ella, la protagonista de su propia historia. ⠀

Se secó las manos, miró la bacha vacía y de repente, escuchó un sonido detrás de ella. ⠀

¿Era él? Había un hombre parado en la puerta de la cocina, con una taza de café en la mano: "Te preparé un café", dijo con esa sonrisa implacable que lo caracterizaba. ⠀

Ella se quedó sin aliento, incapaz de hablar. El tiempo parecía haberse detenido, como siempre cuando estaban juntos. ⠀

"¿Qué pasa?", preguntó él, acercándose a ella. "¿Estás bien?"⠀

Ella asintió con la cabeza, aún en shock.

"¿Qué es esto?", preguntó él, mirando la bacha vacía. "¿Una metáfora de nuestra relación?" Y afirmó: "Me gustan las historias con finales abiertos". ⠀ En ese momento, ella supo que la historia no había terminado. ⠀

Que la vida es un libro que se escribe cada día, y que el final es solo un nuevo comienzo.

¿Había otra taza de café para lavar? ⠀


© by Eleo

domingo, 25 de abril de 2021

Memoria Celular

 

Una mosca lo circundaba cada noche 

y le zumbaba en su oído derecho, 

pero nunca la podía ver, 

como el tren perdido en el subterráneo de Buenos Aires, 

que se escucha pero no se ve.

Era como si viviera entre dos dimensiones, 
dos realidades que lo atormentaban 
y confluían simultáneamente 
sólo para confundirlo,
 como si tuviese la cabeza volada, 
y los pies en la tierra.

Estaba oscuro como una noche eterna, 
cuando recordó las luces de ese tren 
y su cuerpo dividido en dos. 
Su cabeza nunca se encontró. 

Sus piernas a veces recordaban 
el zumbido de esa mosca 
que se asfixió en el mismo ataúd 
donde ellas yacían, bajo tierra y sin oído. 

by Eleo

Microrrelato en concurso: Dejame tu comentario

jueves, 22 de abril de 2021

Microrrelato


Un refugio de ladrillos a la vista,

una chimenea de troncos

con una tímida llama

a la que se le está agotando el oxígeno.

Libros desparramados por toda la habitación,

un mesita de madera con un velador desarmado

para alumbrar un cuaderno abandonado

con una nota a medio escribir.

La notebook, el único objeto moderno de la habitación,

prendida en un texto sin terminar,

la duplicidad de la intención en la virtualidad y en el papel.

Una taza de café a medio beber.

Hacía unos días, el delivery había tocado a su puerta...

Hoy hablaban de él en la tele, hoy iba a ser historia,

como siempre había soñado.

Dicen que cuando sueñas algo intensamente se cumple,

pero algo falló en su mapa mental.

Ya no era un escritor, era una estadística.

El certificado de defunción sentenciaba: Muerte por COVID. 


by Eleo 
16/04/2021

martes, 20 de octubre de 2015

Psicomagia


Adela era una mujer imperfecta que intentaba estar viva a pesar de todas sus inconsistencias. Vivía haciendo equilibrio entre los sueños, la poesía y un sistema opresor que intentaba dejarla sin efecto. Siempre buscando su lugar en el mundo, equivocando una y mil veces el camino. A veces ignorando las señales, perdiendo oportunidades. A veces abrazando su destino, otras dejándolo escapar, porque la duda siempre es más poderosa que la certeza.

«La posibilidad de elegir es lo que va a determinar gran parte de nuestro destino. Uno va haciendo elecciones a lo largo de su vida; algunas acertadas, otras no. Que indefectiblemente van a impactar en nuestro entorno y lo van a modificar. Causa y efecto. Toda acción genera una reacción. Descuidar el aleteo de una sencilla mariposa, puede provocar un caos a decenas de miles de kilómetros. Se trata de la amplificación de errores que pueden aparecer, en el comportamiento de un sistema complejo, si algo no sucede como debe suceder. Las consecuencias pueden ser irreparables».

En otra vida, debió haber sido una diosa pagana. Esfinge, mariposa, tsunami. Principio femenino y único motor de los principios de la naturaleza como única fuente de creencia verdadera, independiente de todo. Porque no depender de nada la hacia libre. Se le hacia difícil determinar cual era su realidad, vivía en la fantasía absoluta. Armaba historias a partir de elementos que iba recolectando de su vida e hilvanaba utilizando el arte de la palabra que tan exquisitamente manejaba. Ella siempre decía: Una letra siempre tiene algo que decir, hasta la H, que es muda. Para ella aquel que no tenia algo para decir, que había perdido la capacidad de emocionarse, de maravillarse y de poder expresarlo; estaba como si hubiese muerto. Se podía aburrir de otros, pero nunca de ella misma; porque de ella no tenía escapatoria. Su rúbrica era una sonrisa porque consideraba que era el mejor homenaje y obsequio que le podía hacer al prójimo. Con la sonrisa te abrazaba, te besaba, te alentaba y te decía que todo iba a estar bien. Así era de mágica, misteriosa, intensa, profunda, desafiante, provocadora, apasionada, lúdica, loca, ángel, demonio. Paraíso e infierno al mismo tiempo. Inhalaba, exhalaba, respiraba, aspiraba. Era jadeo y orgasmo. Sentía, vibraba, amaba. Todo eso al mismo tiempo, en una sola melodía que la envolvía en un manto de pasión que la hacia sentir viva. Su corazón guardaba misterios ancestrales de infinitas vidas. Era inútil intentar descifrarla, sólo había que saber que para amarla, había que enamorarse de cada una de las mujeres que habitaban en ella.

Había descubierto que los sentidos eran una puerta a la felicidad, a esa felicidad minúscula que sólo dura un instante. Tenía la sensibilidad de emocionarse con las cosas más simples e insignificantes, esto movilizaba en su interior una potente energía que ella lograba canalizar en una intención para poder crear. Era capaz de co-crear múltiples universos paralelos, que usaba para escaparse de la realidad. Y aún en la realidad era capaz de generar cosas extraordinarias. A su alrededor siempre ocurrían hechos fantásticos, que ella tomaba como señales. Como por ejemplo, un día que en su heladera un repollo se convirtió en una planta interminable como esas de los cuentos que crecen hasta el cielo.
Como era lógico que ocurriese, un día sintió que el mundo le quedaba pequeño, que debía extenderse más allá de la tercera dimensión. Incursionar en otros planos y sub-planos…
«Estoy en uno de esos días donde las emociones se revelan y no me responden. Donde los sentimientos me abandonan y me dejan inerte. Son esos días en que me transformo en un objeto, en una máquina perfecta pero sin alma… Donde mi corazón impone su régimen de trabajo y late solo porque es su función… La sangre se te congela y la estructura de tu ADN se cae en mil pedazos dejándote aplastada contra el suelo, sin fuerzas para levantarte. Tan cerca del infierno… Tan lejos del cielo».

Aprendió que si quería ver de verdad debía mirar con el tercer ojo y sentir con el sexto sentido… Entonces comprendió lo que algunos jamás comprenden: Que podía comunicarse sin hablar, leer los ojos de quien estaba conectado a ella por un hilo invisible, escuchar pensamientos. Que seguir su instinto era mucho más acertado que seguir su razón. Se llamaba Adela, sólo porque alguien lo había decretado. Se dio cuenta de que nadie le había preguntado jamás como le gustaría llamarse. Se dio cuenta de que en realidad no tenía un nombre, ni un sexo, ni una forma. Que era algo más que eso, algo extracorpóreo, atemporal, infinito, eterno. Con mil nombres, mil sexos y mil formas. Se dio cuenta que era un universo infinito de posibilidades de ser. Fue en ese darse cuenta, cuando lo descubrió a él por primera vez… Maravilloso, mágico, etéreo; vibrando en su misma frecuencia, pero aún dormido. Supo de inmediato que todo el camino que había recorrido y todo lo que había aprendido y experimentado hasta ese momento había sido para mostrárselo y enseñárselo a él. Tenía una misión: Ser su mentora espiritual. Así comenzó a quitarle de a poco la venda de los ojos, hasta que él la vio y quedo preso del hechizo de su mirada. Jamás debió mirarla a los ojos. Cuando se veían a los ojos mutuamente, creaban un puente Einstein-Rosen; un hoyo de gusano por donde se sentían caer vertiginosamente. Ella sentía que él siempre estaba ahí y podía respirarlo sin escafandra en atmósfera cero. Había algo en ese hombre que la invitaba a descubrirlo: Un rumor de soledad que la invitaba a acompañarlo a la distancia. Había algo «tan bello» en él, que no merecía ser prejuzgado. Algo parecido al Axolotl de Cortazar.

«Que no acontece en la oscuridad de la noche cuando nuestras almas se funden en un abrazo… Qué distancia y circunstancia no puede ser vencida cuando te miro y me miras… Qué extraño alivio se dispara y que impulso se enciende… Así como de repente, el alma regresa al cuerpo y sentimos que volvemos a la vida».
No necesitaba riquezas para conquistarla, no necesitaba el mejor auto para deslumbrarla. Cuando ella lo descubrió por primera vez, viajaban en tren. Detrás del lujo, no lo pudo ver. Ella lo quería puro y despojado de títulos de nobleza y cosas materiales. Quería que la sorprendiera sólo con lo que tenía en su corazón. Con esos detalles que le nacían del alma y se volvían todo para ella. Independientemente del cuerpo que habitase y del lugar que ocupara en la sociedad. Sólo con su cariño, su aliento y su alegría, ella se sentía plena. Antes de conocerlo se había enamorado de una plantita de orégano. ¿Podía existir un ser más despojado? Para ella el amor era una energía que no distinguía formas.

Ahora que lo había conocido, deseaba tanto escaparse de la muchedumbre que siempre los rodeaba, para que pudieran ser «simplemente ellos», lejos de un sistema y una lógica que intentaba separarlos. Entonces creó una especie de «Cinta de Moebius Mental», de la que entraban y salían a su antojo, desplazándose por ella a la velocidad del pensamiento; desintegrándose en átomos que se exploraban mutuamente y se entremezclaban erguidos verticalmente en una danza cósmica de una extraordinaria belleza y colores nunca vistos, bajo el hechizo de mil lunas. Así abrían una puerta dimensional y juntos se elevaban hasta las antípodas de Casiopea, en la Nebulosa del Corazón; un lugar en el universo donde sus almas se encontraban y recordaban quiénes eran. Un lugar a donde sólo podían llegar quienes eran capaces de crear la verdadera «Máquina de Dios». Jugaban un juego mental, cuyas reglas se escribían entre líneas y los orgasmos intelectuales estaban a la orden del día.

«Hay noches que necesito dormir completamente desnuda, sentirme libre de esos harapos que alguien llamó ropa, pegar mi piel al aire, que me acaricie el viento, imaginar que me cubre el manto etéreo de tu astral cuerpo y que juntos nos elevamos hasta las antípodas de Casiopea».
Si una mujer no despierta una pasión irrefrenable en un hombre, podrá ser un sol que lo entibie, pero nunca será chispa que le prenda fuego, esa mujer que impulse sus sentidos al éxtasis total. Y ella lo había logrado…
«Se entregó al sortilegio del juego, al sentido profundo de la psicomagia que ella ejercía sobre él.
La audacia se volvió indecencia, el ímpetu esfumó la timidez. Víctimas de una pulsión sexual,
de una apoteosis de amor que no llega. Amantes de lechos de marfil, siempre serán castigados,
por el karma de elefantes muertos».

Sin embargo, se sentía un eslabón perdido de algo que no podía comprender. Un error del espacio-tiempo. Era un «antes» que debía haber sido un «después». Un acto fallido del destino, ya que lo que la completaba era una «singularidad» que se había abierto en su línea de tiempo y la dejaba parada frente a una paradoja. Cuando regresaban de su travesía astral, se estrellaban contra la realidad, pulverizándose contra ella. La razón los volvía dos desconocidos. Proclamaban preguntas, improvisaban respuestas. Buscaban una explicación a lo absurdo, querían encontrar una lógica en lo ilógico. Interrogaban causa y efecto. Se olvidaban que la vida no siempre responde las preguntas porque lo esencial simplemente sucede. Siempre hay un principio y un final. Todo comienza cuando alguien lanza la piedrita de la vida y empezamos a recorrer los casilleros intentando ser buenos para llegar al Cielo, un casillero tan terrenal como los demás pero con nombre sublime y una promesa de vida eterna. «Dios no juega a los dados, juega a la rayuela; la vida misma entre el Cielo y el infierno, allí donde mueren los amantes que no aprenden a volar». Solamente ellos habían descubierto el secreto: «La vida es como un Memo Test, se acaba cuando encontramos la última coincidencia». Y ellos la habían encontrado… Sólo que todavía no lo sabían.
©by Eleo - Todos los derechos reservados
Ilustraciones: Fito Espinosa
Cuento publicado en la "Revista Cronopio" de Medellín Colombia.

martes, 10 de mayo de 2011

Quiero ser...

Quiero ser la luz
cuando tu vida se oscurezca,
quiero estar ahí,,,
ser lo último que veas.
Quiero ser la medicina
que alivie tus dolores.
Ser el bálsamo
que alivie todos tus temores.
Quiero ser cobija
que entibie tu alma.
Quiero ser esa esperanza viva
que te haga olvidar la parca.
Que te de fortaleza y te llene de nuevas esperanzas.
Quiero convidarte de mi vida
y que con ella extiendas la tuya.
Darte toda mi energía,,,mi temple y mi lucha.
Quiero ser para ti,,,más que tu amada,
ser un conjunto que te ayude
a superar, esta mala pasada.
A vivir junto a mi,,este cuento de hadas,
a que la magia sea eterna y nunca se apague.
Detrás de la puerta aún queda coraje...
Quiero ser en tu destino,,,el milagro que te salve.

by Eleo