de Eleonora Valentini

de Eleonora Valentini

BIENVENIDOS A BORDO

Bienvenido a mi universo interior para quien encuentre en él un pedacito del suyo.


Me deleita desear el mejor viento solar. En este saludar late un venerar a la pulsión de poesía que arde en el viento del sol y un mensaje de fuerza, energía e infinita esperanza.


"Que el viento solar sople siempre en tu camino"

domingo, 15 de agosto de 2010

La Historia de la Cometa Invisible y el Cosmonauta Absurdo


Ella era un cometa. No un cometa cualquiera, de esos que vagan en el espacio, y son constantemente estudiados por los científicos, acerca de los cuales se hacen teorías astronómicas, y de los que se sacan conjeturas sobre las orbitas y cosas afines. No. Ella era un cometa como no hubo otro en el universo entero, porque era en esencia invisible a los telescopios, y sólo algunos habitantes de la eternidad podían verla. Viajaba por todos los multiversos conocidos por el hombre, y también por aquellos habitados por todos los otros pobladores del infinito… Cuando se acercaba a un planeta, este temblaba por completo, y todos los habitantes del mismo, sentían desenfreno total, y unas ganas loquísimas de volar, algunos lo conseguían, e inspirados y atraídos por su energía se alzaban pronto a otras esferas de la realidad. Más pronto que después, y consumidos por la dicha que el cometa les provocaba, abandonaban su mundo y divagaban a través de los miles de laberintos y enigmas secretos que pueblan sus corazones.

Pese a que muchísimos lo intentaron, nadie logro nunca ponerle nombre, ella detestaba las etiquetas. Ningún iluminado astrofísico consiguió descifrarla, y es que nadie se percato, que no se ha inventado aún, una ciencia capaz de decodificar todos aquellos recónditos secretos que ésta lleva consigo. No se pudo marcar su orbita, porque no le gustaba recorrer los mismos caminos. Al ser este, un cometa con infinitas personalidades, no escatimaba esfuerzos en arriesgarse, se reinventaba a si misma y emocionada por el desconcierto que le provocaba lo desconocido se lanzaba a explorarlo, luego una de sus múltiples personalidades, escogía otra ruta, y otra, y otra…

No existió explorador en ningún rincón del infinito que sepa dar con su rastro, después de todo, su zigzagueante cola derramaba asteroides mágicos por todas partes, y era extremadamente complicado el recoger todas estos y pista tras pista poder por fin alcanzarla. Era simplemente un cometa cuya invisibilidad hacía del mismo, el cometa más apasionante, intrigante, libre y fascinante que jamás nunca haya habitado la inmensidad.

Lo que todos desconocían, es que en realidad ella, se sentía muy sola. Años atrás se había enamorado locamente, de un planeta grande y hermoso llamado Marte. Él, valiente y poderoso como ningún otro, le amaba a su modo, pero era un amor egoísta. Quería tenerle como luna, atada a él, girando a su alrededor, abstraída y dedicada a iluminar sus noches. Pero ella era un cometa viajero, y ser luna le lleno de hielo el corazón, y se consumió poco a poco la llama que llevaba dentro. Desde su posición de luna, miraba taciturna el infinito, y lloraba porque Marte nunca supo entenderla y amarla como cometa, sino como falsa luna.

Pero las mentiras existenciales no pueden mantenerse por siempre. Y la tristeza de no saberse cometa, pudo más que su falsedad lunática. Acongojada, hablo con Marte, y entre sollozos le dijo, yo soy cometa, te invito a volar conmigo por todas las dimensiones de la eternidad. Pero el no acepto. Le dijo que su orbita ya estaba determinada, y que por ningún motivo, podría salirse de ella. Si me amas, serás luna, y te quedaras conmigo. Y en ese instante, ella se dio cuenta, que él no le amaba, que se había enamorado de la luna que ella no podía nunca ser, y con el corazón destrozado, le dijo que se iba por el universo.

El dolor fue tan profundo y perecedero que sumergió su vida en la tristeza y la soledad, al punto de no reconocerse a si misma cuando vivía auténticos momentos compartidos y de alegría desbordante, aunque si supo disfrutar los mismos. Se enseño a distanciarse de las posibilidades de amar, cerró todas las ventanas del alma que hubiesen permitido a cualquiera acercársele a su corazón. Desterró las concurrencias de su soledad y construyo una caja fuerte donde sobre una almohada de miel dejo reposar su corazón. Anotó el código en un papel de arena y con un elevado grado de nostalgia arrojo este al viento al mismo tiempo en que con un aletargado parpadeo lo olvido. No era infeliz. Tampoco estaba amargada. Simplemente deseo eliminar la posibilidad de nuevamente enamorarse, de saltar al vacío locamente, de abandonarse al vuelo insensato y descontrolado que le caracterizaba cuando se sabía enamorada. Y se dedico, como su vocación y naturaleza le indicaban, a divagar por el universo, aunque ahora, con un manto de invisibilidad.

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